Pobres seres los cuales lo banal les comió la mente,
Se corroen sus venas, murieron de hambre.
Pobres de alma los que sembraron las tierras infértiles,
Los que no voltearon cuando pasó la vida,
Los que no se gozaron en los ríos ni en tanta gracia.
Qué será de tanta alma hambrienta,
Cuando pasen los días de contentamiento.
Cómo quedará el espíritu al cual se le negó el pan,
Y dónde quedará tanta frialdad de mente.
Cuando el sol se acabe, de qué servirá tanta belleza,
Y tanto encantamiento en los sin sabores.
Dónde quedara tanto amor al cuerpo,
Cuando este destiña los atardeceres,
Cuando las manos se transformen en higueras,
Cuando los rostros decaigan.
¿Se volverán tantos vacíos?
Con la mente fría, el corazón caliente.
Me hiciste acordar a dos cosas:
ResponderEliminar1. A una canción de Carajo llamada Triste: "Qué triste es morir sin intentar. Qué triste es morir sin haber amado. [...] Se muere la gente sin encontrar felicidad".
2. A El hombre mediocre de José Ingenieros.
Nada que ver una cosa con la otra, pero todo que ver al mismo tiempo.
Saludos.