La gente
pasa como si fueran estaciones.
Después que
fuimos uno jugando entre las piedras,
Con nuestra
inocencia brotando de nuestras ilusiones,
Corríamos a
la nada y tu piel ardía entre mis dedos,
Después que
te enredaste conmigo en juegos cautivantes
Y nos
llamamos uno al otro “amigo”
Las tardes
de calor no eran tan irritables contigo
Y las horas
eran arena en mis manos
Pero así
es, así tiene que ser
Tu allá y yo
acá, con los recuerdos vivos, rugiéndonos
Con la pasión
de los buenos momentos, de las buenas juntas
Buscándonos
entre la gente
Queriéndonos
como éramos de simples, unos niños torpes y obtusos.