Te adorné las manos,
Estiré tu sonrisa,
Qué cruel soy.
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lunes, 27 de abril de 2015
miércoles, 15 de abril de 2015
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No se espera lluvia en el verano,
Ni que tu piel me queme cuando eres frío,
No se espera ver en la noche,
Ni que tu canto llegara a mi pecho en hielo.
El mejor verano es el que no se espera.
No se esperan luces atenúes
Cuando la noche es hostil.
Qué placentera fue la espera
Si al final de la tarde tus manos se cruzarían con las mías.
Qué es la espera si ahora podemos bailar por las mañanas,
Qué es la oscuridad si en la noche tus raíces se enredan en mis huesos.
Ahora tu boca me amarra,
Y tu voz áspera calma la ira
Mis manos son rasas en tu cuello
y las tuyas queman en mi espalda.
No puede salir del papel lo que agita el alma,
Pero mi alma es un desastre natural en la tuya.
Con tus brazos las aves cantan fuerte,
Con tu alma el mar es reposo,
Con tu alma no hay desapego,
Con tu alma el día es lozano.
Tu cuerpo es el fuego que no acaba,
Donde podemos ser sin hablar,
Donde tus ojos me gritan,
Donde tus manos me constriñen,
Donde te entrego mis piedras,
Donde lo escaso se vuelve abundante,
Donde mi olor se queda,
Donde el día perdura,
Donde somos el verbo,
Donde soy.
No se olvidan los veranos cuando pasan,
Así no se olvidarán los arboles que nos vieron,
Ni del fuego que hubo entre tus dedos.
Ni de las mañanas arduas, tan arduas.
Ni que tu piel me queme cuando eres frío,
No se espera ver en la noche,
Ni que tu canto llegara a mi pecho en hielo.
El mejor verano es el que no se espera.
No se esperan luces atenúes
Cuando la noche es hostil.
Qué placentera fue la espera
Si al final de la tarde tus manos se cruzarían con las mías.
Qué es la espera si ahora podemos bailar por las mañanas,
Qué es la oscuridad si en la noche tus raíces se enredan en mis huesos.
Ahora tu boca me amarra,
Y tu voz áspera calma la ira
Mis manos son rasas en tu cuello
y las tuyas queman en mi espalda.
No puede salir del papel lo que agita el alma,
Pero mi alma es un desastre natural en la tuya.
Con tus brazos las aves cantan fuerte,
Con tu alma el mar es reposo,
Con tu alma no hay desapego,
Con tu alma el día es lozano.
Tu cuerpo es el fuego que no acaba,
Donde podemos ser sin hablar,
Donde tus ojos me gritan,
Donde tus manos me constriñen,
Donde te entrego mis piedras,
Donde lo escaso se vuelve abundante,
Donde mi olor se queda,
Donde el día perdura,
Donde somos el verbo,
Donde soy.
No se olvidan los veranos cuando pasan,
Así no se olvidarán los arboles que nos vieron,
Ni del fuego que hubo entre tus dedos.
Ni de las mañanas arduas, tan arduas.
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